Más allá del obvio homenaje a Blade Runner del título y la reciente demostración a Mara y Antoni de que podría doblar al bueno de Rutger Häuer - sin llegarle a la suela de zapato al tristemente desaparecido Constantino Romero...aunque acepto ofertas de estudios de doblaje ;-) -, en el uso de dicha inmortal frase del soliloquio final de la obra maestra de Ridley Scott está, precisamente el quid de la cuestión: el que en los últimos meses haya visto cosas que usted, querido lector, no creería. Ni yo hace no mucho tiempo lo hubiera creído...
Tras una mañana de asistente social arriba y abajo, papeleos en Hacienda para demostrar...que eres pobre cual rata de alcantarilla de Nueva Delhi (sí, para eso también hace falta papeleo...) y pasar un frío horroroso y algo de hambre...llegué al punto Wifi que ya es -aunque por poco tiempo- mi segunda casa.
Parece que la situación va a cambiar, no a grandes rasgos, pero al menos el entorno -y ahí es donde quiero ir- sí lo va a hacer.
Me guardo muchas cosas de las que veo diariamente, no por pudor, sino por decencia ajena. Aunque muchas de las cosas que veo tienen protagonistas, de los que nadie se acuerda, yo no puedo sino respetar el honor de esa gente. Algo de lo que no siempre tienen la ocasión, ver su honor salvaguardado.
Ayer un pobre señor se cagó encima antes de la hora de la comida...no sólo eso, sino que estaba tan descompuesto que todo lo que hizo en el suelo y no se dejó encima, debido a su ebriedad, se resbaló y se cayó encima de su propia mierda.
Tuvieron que cerrar ese baño, y hoy por la mañana seguía cerrado. La peste a la hora de comer era difícilmente explicable.
El miércoles murió un interno. No lo descubrieron hasta por la tarde, se quedó seco en su celda. Nadie lo recordó hasta el recuento y porque uno de los que compartía penas y cartones de vino con él en un parque cercano no recordaba haberlo visto en todo el día al ser interpelado.
Probablemente nadie reclamará su cuerpo. No sé cómo se llamaba. Ahí dentro nadie, o casi nadie, tiene nombre.
O el mismo día, cuando en dos reyertas tres internas y dos árabes fueron expulsados. En el primer caso por llamarse "puerca" una a otra y mediar una gitana entre ambas. "Mi jefa..." clamaba una de ellas...supongo que la mujer del "jefe", océano, su chulo.
Los dos árabes se dieron de hostias entre ellos, los txakurras disolvieron la reyerta porra en mano...y se fueron juntos a dormir a la calle tras ser expulsados. Por lo visto la testosterona nos hace gilipollas en todos los continentes...
La última hornada que ha entrado... Bueno, digamos que unas pinzas para la nariz no vendrían mal. Hasta ahora la gente veía que se lavaba, se usaban las duchas del piso superior y el after shave y cosas así predominaban como olor ambiental...ya no es el caso. Y no, no tiene nada que ver con procedencia...
Llevo ya tres o cuatro días pasando un frío de cojones, hambre no...ya me tocó este verano. Duermo con una manta y dos toallas por encima...
Todo eso no me lo hubiera creído hace unos meses...ahora no sólo me lo creo, sino que lo vivo.
Pero para mucha gente, es como si esto pasara cerca de la puerta de Tannhäuser...pero no: pasa al lado de la puerta de su casa. ¿verdad, Juanjo?
Para algunos llegó la hora de morir.
Pero otros hemos decidido no vivir con el miedo más... Porque eso significa ser un esclavo.
Saludos desde el patio. Esta noche, si Vodafone me deja, desde la celda.